28/05/2011

Tomó posesión al frente del Teatro Real en septiembre de 2004 y desde entonces afronta su pasión por la lírica desde la humildad, seguro de que es un espacio “accesible” y “abierto” a las necesidades del s.XXI. Su balance como Director General es positivo, y su proyecto de convertir el Teatro Real en seña de identidad de Madrid, y del resto de España, irá asentándose en los próximos años.

La ópera imprime, casi por definición, cierto aire de exquisitez elitista, para lo que usted planteaba un modelo mucho más asequible, con producciones menos ostentosas y abiertas a otros públicos. ¿En qué medida ha logrado este objetivo en estos tres años y medio al frente de la gestión del Teatro Real de Madrid?

El acceso de los nuevos públicos y de los jóvenes a la ópera es un objetivo permanente del Teatro Real que se ha concretado en un incremento sustancial en el número de espectadores, que estimamos en un 35% entre las temporadas 2004/5 y 2007/08. La oferta de abonos se ha ampliado considerablemente, lo que nos permite hablar de una propuesta “a la carta” con diferentes programas y precios que se adaptan a las necesidades de cada público; esto hace que conseguir entradas es hoy mucho más fácil. Además, la actividad paralela a la temporada de ópera se ha diversificado, y los recitales de grandes voces, el ballet, la ópera en cine, los espectáculos infantiles, las óperas de pequeño formato y otro tipo de funciones, suponen más de 300.000 entradas, de las cuáles al menos el 15% están destinadas a menores de 30 años.

Propuso proyecciones de cine en pantalla de alta definición 14x9 metros de las óperas más famosas programadas por el teatro madrileño a un módico precio de 4 euros. ¿Hay detrás de ello una voluntad de hacerlas accesibles a todos los públicos?

Sí, estas proyecciones facilitan a los aficionados disfrutar de la ópera, pero hay que ir más allá. No se trata únicamente de hacer la ópera más accesible para los aficionados, sino también de provocar primeras aproximaciones de quienes pueden llegar a serlo; es importante que se acerquen a este mundo, e incluso, al propio edificio del Teatro Real, en cierta medida ajeno y extraño, hasta ahora, para común de los ciudadanos.

En esta misma línea, ¿en qué consiste su proyecto pedagógico, que ya llega a su tercera edición?

El proyecto pedagógico prepara a los niños para entender y apreciar la música, el canto y la danza, forma nuevos públicos para el futuro. Pero este proyecto constituye, en sí mismo, una actividad cultural con espacio y demanda propios, independientemente de si tendrá o no consecuencias a largo plazo, que las tendrá, y muy positivas. Se inició hace tan sólo tres temporadas y presenta hoy un ambicioso programa que ha aumentado en un 38% el número de asistentes.

¿Ha acusado cierta intolerancia de los entendidos en su particular hazaña por la democratización de la ópera?

No, de los entendidos no, sólo de cierto público muy conservador.

¿Cómo se equilibran presupuestos y calidad en la programación?

Primero se programa de acuerdo con el nivel de calidad que sin duda debe tener un teatro como el Real. La adaptación presupuestaria se realiza mediante una combinación de elementos que modulan el coste: si cada montaje que se plantea es una producción propia, una coproducción, un alquiler a otro teatro, una reposición, si son óperas con mayor o menor número de participantes (coro, figurantes, etc.), con mayor o menor número de representaciones, etc.

¿Es la undécima temporada del Real, la 2008-2009, la más ambiciosa de todas?

Quizás podemos hablar de la 2008/09 y de la 2007/08. Ambas representan un giro determinante: además de su alto nivel en todos los órdenes, descubren el gusto y la gran aceptación por parte del público de géneros de ópera a los que, en cierta medida, se presta poca atención, como son el barroco o la ópera del siglo XX.

¿Cuáles son los retos que afronta ahora mismo su teatro?

Debemos aprovechar las nuevas tecnologías para llegar a públicos más amplios: ópera en pantalla, en cines de alta definición o edición de DVDs. Consolidar el proyecto pedagógico y elevarlo al nivel de consideración que tiene la ópera, el ballet o los grandes recitales. Aumentar las producciones propias de tal forma que permitan un mayor grado de reposición y de alternancia de óperas, así como “exportar” producciones a otros teatros. Dar facilidades a quienes residen fuera de Madrid para asistir al Teatro Real, llegar a un 30% de espectadores menores de 30 años...

Durante estos años ha compaginado su labor de director general del Teatro Real de Madrid con la presidencia de la asociación Ópera XXI, que aglutina a 30 teatros líricos de toda España. Cumplidos tres años de su creación, ¿cuáles cree que son los retos a los que se enfrenta la entidad?

Políticas comunes dirigidas a la creación de nuevos públicos. Intercambio de experiencias e información a todos los niveles. Colaboración global en asuntos prácticos. Y que todo ello sirva para proyectar la imagen de la ópera en la sociedad española y en el ámbito internacional.

Fecha de la entrevista: 2008