29/03/2012

En los últimos 30 años, España ha conocido el mayor crecimiento musical de Europa. Hoy, la ópera es un arte vivo respaldado por cerca de un millón y medio de espectadores anuales atraídos por la alta calidad media de nuestras producciones en nuevos teatros ocupados con promedios del 80%. Un informe reciente sobre el impacto económico de la ópera en España, nos confirma que la ópera no es sólo el más emocionante y complejo lenguaje artístico desarrollado por el hombre a través de los siglos, sí no que también es industria y riqueza.

Cada empleo en un teatro lírico, induce otros 7. Los 94,5 millones de euros que 18 teatros de ópera recibieron de subvenciones, generaron 363, 3 millones.

Así pues, los teatros líricos multiplican sus aportaciones públicas por un 384%. Por 1 euro que entra a los teatros, salen 3,8. Creo que podemos, y debemos, sentirnos orgullosos de estas cifras.

No obstante, las graves dificultades económicas que atravesamos nos obligan a desarrollar nuevas estrategias y a profundizar en otras que ya están en la propia base de nuestra alianza en Ópera XXI. Necesitamos más apoyo, empatía y coordinación entre nosotros. Necesitamos generar impulsos comunes a favor de la creación de nuevos públicos cuya presencia afiance nuestro futuro. Tenemos que convertir en objetivos prioritarios a nuestros proyectos pedagógicos. Necesitamos potenciar nuestra adaptación a las nuevas tecnologías que nos permitan acceder a la difusión de la ópera a través de Internet y las nuevas redes sociales. Tenemos que ser más osados y apostar por nuestros más jóvenes talentos. Los tenemos. Necesitamos impulsar sinergias que no sólo refuercen nuestra política de coproducciones, sino que contribuyan a conquistar nuevos espacios para la exportación de nuestros espectáculos en ese mercado global que hoy es el mundo. En suma: gestión eficaz, excelencia artística y productividad para vencer la crisis.

Una crisis que no distingue jerarquías y que nos exige nuestro aliento a los teatros que estamos soportando mayores dificultades. Para apoyarnos, apelo a la generosidad entre nosotros y animo a todos a ser más creativos generando nuevas fórmulas de colaboración. La cultura es una empresa de todos. Necesitamos nuevos mecanismos de mecenazgo que animen al empresariado a colaborar con nosotros porque confiamos en la calidad de nuestro producto, la gran ópera, y en nuestro público, si sabemos atraerlo ofreciéndole producciones excelentemente representadas, interpretadas y cantadas.

Eso es todo, nada menos: poner en escena ese gran patrimonio universal que es la ópera en condiciones indiscutibles de calidad artística y cultural equilibrando el presupuesto y generando riqueza social.

 

Hoy, más que nunca, un gran reto. Sin duda. Pero nadie dijo que gestionar un teatro de ópera fuera una aventura fácil.