22/05/2013

Estamos atravesando un periodo de crisis terrible que se manifiesta en los más diversos ámbitos de la convivencia. Los teatros de ópera, los festivales y las temporadas no son ajenos a un proceso que ha llevado a algunas instituciones al límite, poniendo incluso en peligro la viabilidad de determinados proyectos.

Esta situación crítica sorprendió a la lírica española en proceso de consolidación del crecimiento paulatino que había experimentado en los últimos años. Por fin España había conseguido acercar la ópera y la zarzuela a cientos de miles de espectadores con magníficos umbrales de calidad. Indudablemente este logro es un elemento patrimonial que el país debe defender como un bien estratégico de cara a nuestra proyección cultural externa y también al asentamiento de un nuevo modelo económico en el que las industrias culturales deben y tienen mucho que decir.

 

Desde la Fundación de los Premios Líricos Teatro Campoamor tenemos la convicción de que este sector es un pilar esencial de la oferta cultural de España. Nuestros premios nacieron con el objetivo de servir de escaparate a cientos y cientos de profesionales que, de manera continua, demuestran cómo se puede hacer ópera y zarzuela con altos estándares de calidad y con austeridad presupuestaria, en líneas generales, que se debe mostrar al mundo como un ejemplo de trabajo bien hecho.

 

Este año el Jurado premió a la asociación Ópera XXI por su contribución al mundo de la lírica. No es un galardón más. Es la demostración de que todos juntos tenemos una fuerza y credibilidad intensas para defender un derecho ciudadano básico, esencial, como es el de acceder a la cultura con los más altos estándares de calidad posibles. Personalmente este premio me llena de satisfacción porque conozco, de primera mano, la labor que la asociación realiza tendiendo puentes entre los diferentes teatros del estado, aunando esfuerzos, poniendo encima de la mesa los problemas comunes para buscar soluciones. Estamos ante una entidad ejemplar que a todos nos debe enorgullecer.

 

Calixto Bieito, en nuestra última gala de entrega, en el teatro Campoamor de Oviedo quiso que el leit-motiv de la misma fuese la idea wagneriana de la lírica como un arte del futuro. En las manos de todos está el luchar porque esto sea cierto y podamos legar a las próximas generaciones la posibilidad de acceder al inmenso tesoro de la lírica sin cortapisas de ningún tipo. Si todos remamos en la misma dirección estoy plenamente segura que lo conseguiremos.